jueves, 22 de marzo de 2012

Duscores Capítulo 2 Parte 1/6...


Capítulo 2

Aquella noche había soñado con Tineas, el joven campesino que había robado su corazón. Aún medio dormida sentía como si él estuviera recostado justo a su lado, casi podía percibir su respiración, casi podía rozar su cabello… ¡un momento!, ese sueño se sentía demasiado real…abrió sus ojos  y había justo en frente a ella un hombre descansando. Eso explica porque todo se sentía tan real, sólo era eso, un hombre durmiendo con ella… ¡un hombre está en su cama! Ahora estaba agitada, empezó a recordar el día anterior; su padre le trajo un pastel de una villa cercana y comió hasta saciarse, luego de eso todo se hace muy borroso, recuerda haber subido a una carroza aunque no recuerda para qué, se impacienta, se levanta y nota que esa no es su cama ni tampoco su casa, mira a todos lados, le duele mucho la cabeza. Henrid empieza a despertar, siente el efecto de la borrachera, mira las paredes de su habitación y encuentra a una chica de pie mirándolo llena de pavor; él trata de recordar que fue lo que pasó, y lo único que puede traer a su mente es la invitación que le hizo su padre al bar, cada una de las botellas de ron que pasaron a su organismo le estaban cobrando factura. Henrid sabía que su padre tenía un motivo oculto para invitarlo ya que no solía hablar mucho con él por considerarlo el “hijo bueno para nada”.


- Tú, tú, ¿quién eres?- preguntó titubeante Feni.
- Eso debo preguntártelo yo, después de todo, esta es mi habitación.
- ¿Tu habitación?... ¿Cómo llegué aquí?
- Uhm…- se apoyó en un codo y recostó su cabeza sobre la mano respectiva-¡Quién sabe!
- ¡¿Cómo puedes decir eso?!, tú me has raptado- lo acusó.
- Tengo mejores cosas que hacer- suspiró y luego sonrió,- deberías irte.
- Yo no sé dónde estoy, no tengo idea de cómo volver a casa.
- Mandaré una carroza para que te lleve, ya deja de gritar.- Henrid se puso de pie, y empezó a quitarse el pijama. Ella se sonrojó y le recriminó su conducta. Él explicó que no tenía otro lugar donde desvestirse y después agregó: “No creo que importe mucho, después de todo, no pienso que solo hayamos dormido ayer”. Feni estaba muy molesta, le dijo que él era un depravado y que no le perdonaría nunca lo que le haya hecho. Él explicó que estaba ebrio y que no tenía ni idea de lo que había pasado, pero de lo que estaba seguro es que una chica como ella no sería capaz de despertar ninguna pasión en él, concluyó con una mirada de abajo hacia arriba y con la frase: “Sólo dormimos”. Ella se sintió realmente ofendida por cómo habló de su persona y por ello, empezó un ataque de almohadas, mientras repetía una y otra vez: “En serio crees que alguien como yo podría atraerle alguien tan estúpido como tú, ¿ah?”. Harto de tantos golpes y quejidos, Henrid la tomó por los brazos y la aprisionó entre su cuerpo y la pared, luego la miró con sus ojos verdes, con la mirada más aterrorizadora que tenía y le murmuró al oído: “Cállate ya o te mataré y luego esconderé tus restos en el jardín”. Eso fue suficiente. La soltó y la condujo a un balcón cubierta con una frazada; él terminó de cambiarse y luego contempló asombrado lo que había en uno de sus cajones. Dentro había una multitud de trajes de uso femenino, incluyendo ropa interior; sin pensar cogió un juego de prendas y llamó a su acompañante. Feni se acercó titubeante, él le dio el paquete y le señaló el baño. Ella, asustada con la amenaza, fue hacia allá y cerró con seguro la puerta. Por más que intentaba no podía recordar nada, absolutamente nada, es como si el día anterior no hubiese existido; quizás esa era la respuesta, todo era una terrible pesadilla que se sentía real, tomó aire y se pellizcó lo más fuerte que pudo: no era un mal sueño. Procedió a cambiarse la ropa y con satisfacción sintió que nada en su cuerpo había cambiado. La ropa que le había dado no era cualquiera, era la típica ropa de la Casta Media, de tela simple pero con un buen diseño; se recogió el cabello y fantaseó un poco. Al rato sintió que tocaban la puerta y al escuchar la voz de su raptor, salió apresurada.

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